Hace un mes que comencé a tomar un taller de serigrafía los viernes.
El primer ejercicio se llama Impresión-stencil.
Partiendo de uno de los dibujos que hice en una libreta, se trazan en diversas hojas las diferentes partes que lo conforman, tomando en cuenta que estas se imprimirán a través de una pantalla, capa por capa.
No quiero explayarme en el proceso, pues aún no sé por completo los pasos, materiales y terminología. Lo que sí sé es que hay que activar una parte del cerebro muy especial, ya que no se trata de pintar o dibujar, sino de resolver color por color, capa por capa, involucrando solventes y mañas que una adquiere de su maestro o de sus propios vicios.
En el resultado se puede ver la imperfección en todas las impresiones, pero a mí me gusta eso. Me gusta que el perfeccionismo no me haya ganado; me gusta el carácter y la personalidad que tomó cada una de ellas.